ALEJANDRO ROJAS BRUCE
19/12/2019
Hong Kong, Ecuador, Colombia, en Chile y en París todos protestan. Lugares distintos, con realidades de todo tipo, pero comparten muchos factores que tienen que ver con el economía de los ciudadanos, la identidad y la ira, además de la incapacidad gubernamental para responder a estas.
París con los chalecos amarillos, donde miles le demostraron a Emmanuel Macron, después de 200 detenidos y 80 heridos, que la subida de impuestos y el aumento de los combustibles no iban a aceptarlo. Algo así le había ocurrido a François Holland con los gorros rojos de su época, manifestantes indignados con el impuesto a los camiones. La razón es siempre la economía personal, el aumento en los costos de lo que se consume día a día y afecta las finanzas del individuo. Las protestas se han tornado violentas. Se han visto incendios, coches volcados y se ha percibido el miedo generalizado. Los manifestantes, de todas las vertientes han obligado a Macron a iniciar un diálogo nacional para todo el país.
En Hong Kong, manifestantes con la cara tapada, la cabeza protegida y un paraguas simbólico le reclaman a Carrie Lam por un proyecto de extradición en el que quedarían sometidos a una justicia china que incluye torturas. Reclaman por su identidad y el miedo a perderla. Exigen un sistema donde prime la democracia y su autonomía de China, los derechos humanos, su propia legislación, su propia economía y la libertad de expresión a pesar de ser una región administrativa especial desde que dejó de ser colonia británica en 1997. El resultado no es bueno y se teme una intervención militar o más represión por ordenes de Pekín.
En Ecuador, el Gobierno de Lenin Moreno retiró el subsidio al combustible como una de las medidas para reactivar la economía y poder responder al FMI con el que tiene una enorme deuda, adquirida por su antecesor Rafael Correa. A los camioneros y a los indígenas que se tomaron las calles se le sumaron sindicatos y la oposición. La razón nuevamente es las finanzas personales del ciudadanos, su costo de vida y sus derechos políticos, además del tema ideológico que es más complejo. Lenín Moreno se llevó el gobierno a Guayaquil y luego volvió a Quito, luego también decretó el estado de excepción. El olor a llantas quemadas por las barricadas, destrozos en la ciudad, la ira contra el poder eclesiástico y las instituciones se hicieron evidentes. La ONU tuvo que proponer y comenzar una negociación para concertar la gradualidad de las medidas propuestas por Moreno.
Una serie de Discovery hace un análisis sobre las raíces del odio y de la ira en la sociedad. Es una pregunta bastante repetida por antropólogos, analistas, sociólogos y profesores. ¿Por qué tanta ira hoy en día? Es importante que los académicos y humanistas estén abordando el tema con la claridad necesaria, para volver si se puede, a crear nuevos espacios de diálogo con los ciudadanos.