Una mentira llamada Bankia

La salida a bolsa de Bankia escondía manipulación y mentiras sobre su estabilidad económica

Alejandro Romero Jiménez

04/01/2020

En el mes de junio de dos mil once Bankia iniciaba una campaña publicitaria, la cual iba a ser difundida por la mayoría de medios y de prensa con Oferta Pública de Suscripción y Admisión de Negociación de Acciones, muy poca gente o nadie podría haber predicho las consecuencias que esto acarrearía tiempos después.

La propia entidad, respaldaba su publicidad presentando cifras que presagiaban una gran rentabilidad. Bankia estimaba unas proyecciones de once coma dos millones de clientes, mas de vente mil empleados, casi cuatro mil oficinas siete mil quinientos cajeros y doscientos ochenta mil millones de activos totales del grupo. La fusión estaba compuesta por siete cajas de ahorros con gran arraigo territorial en sus respectivos mercados: Caja Madrid, Bancaja, Caja de Canarias, Caja de Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja. Además, la compañía ofertaba un supuesto descuento en el precio de salida de los títulos.

Desde que Rodrigo Rato, por entonces presidente de Bankia, tocase la campana en un acto simbólico que suponía la salida a bolsa de la entidad, los disgustos para los inversores no dejaron de llegar. Solamente unos meses después, el propio Rato dimitía de su cargo, siendo la entidad intervenida a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, el día siete de mayo de dos mil doce. Esto, produjo un descenso continuado de las acciones de Bankia, hasta que el día veinte cinco del mismo mes, la entidad bursátil española decidió suspender su cotización.

A diferencia de lo que había ocurrido con otros productos financieros polémicos, como los swap o las preferentes, en esta ocasión, los clientes de la entidad, no podían basar sus reclamaciones en la complejidad de la operación. Además, Bankia, había seguido escrupulosamente los requisitos formales exigidos por la normativa en relación a las ofertas públicas de suscripción de acciones, por lo que parecía que los inversores debían dar su dinero por perdido.

Esta diferencia abismal entre unas y otras cifras, dejó al descubierto una series de  irregularidades contable más que significativas, que ponía en entredicho, que la información económica que Bankia había dado a sus inversores en el folleto  primario de inversión y salida a bolsa era completamente falsa. La entidad, había engañado a sus clientes ofreciéndoles una percepción muy sesgada y falseada de lo que iba a ser y era la imagen de la entidad económica

Como consecuencia de lo nombrado, en los últimos meses, las sentencias se han ido multiplicando obligando a la entidad a la devolución de lo invertido a los accionistas. La mayoría de los tribunales, considera que las mentiras y manipulaciones utilizadas en su publicidad y su folleto vulneran la Ley del Mercado de Valores.

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