Manuel Salvador Garrido
16/01/2020
El año pasado las temperaturas oceánicas batieron récords y ya son imparables, según un nuevo estudio
Se necesita la energía liberada por tres mil seiscientos millones de bombas atómicas como la de Hiroshima para lograr el mismo nivel que el calentamiento que ha absorbido el océano a lo largo de estos veinticinco años años. Este cálculo ha sido realizado por los científicos para mostrar lo que significa el récord de temperatura del océano alcanzado en el pasado año. Dicho estudio ha sido trabajado en Advances in Atmospheric Sciences.
Las cifras pertenecen a la temperatura en superficie y hasta una profundidad de dos mil metros. Ya en dos mil diecinueve subió bastante la media, un cero coma cero setenta y cinco. Quizás suene irrelevante a priori, pero entre otras consecuencias daña gravemente la vida marina y propicia la formación de huracanes. Para los científicos, los datos muestran que el problema “es real y está empeorando”.
Desde la década de los setenta, el noventa por ciento del calor provocado por las emisiones de gases de efecto invernaderose ha ido al océano. Los datos son cada vez más preocupantes: los cinco últimos años han conformado el lustro más cálido en los océanos, y lo mismo ha ocurrido con la última década.
Para el estudio, en el que han participado once institutos científicos de todas partes del mundo, los investigadores utilizaron tipo de análisis nuevo nuevo que les permitió remontarse en datos hasta los años cincuenta. “No podemos encontrar ningún año con una temperatura similar al valor actual”, asegura Cheng a ABC por correo electrónico. Los dos océanos: Atlántico y el Austral han sido los más afectados en todo este tiempo.
Volver a los valores preindustriales de temperatura no es fácil. Ni siquiera alcanzado la neutralidad en carbono. “Al menos hasta dentro de unos pocos cientos de años, el calentamiento del océano es irreversible. En el siglo XXI, no hay escenario que pueda detener el calentamiento del océano (ni el aumento del nivel del mar). Veremos un aumento continuo en el contenido de calor del océano en este siglo, incluso si podemos mantener la temperatura media global de la superficie muy por debajo de dos grados”.